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domingo, 7 de febrero de 2016

Un acto de justicia para una familia víctima de la Triple A

Un acto de justicia
El juez Norberto Oyarbide dictaminó que el asesinato de Carlos Banylis, delegado de la UTA, fue un delito de lesa humanidad y que toda su familia fue víctima de una privación ilegal de la libertad. Fue central el aporte de los archivos del Ministerio de Seguridad.

  Por Irina Hauser
Hubo un tiempo en que los colectiveros hacían malabares para cobrarle a cada pasajero y cortar el boleto, todo eso mientras manejaban. Esta destreza múltiple que debían desarrollar era un factor estresante por el que llegaron a cobrar un “plus por corte de boleto”. Carlos Banylis trabajaba en la línea 163 y era delegado sindical de la UTA cuando los choferes dejaron de recibir ese extra. Las protestas y el triunfo en una demanda judicial fueron el caldo de cultivo de una persecución feroz. Banylis era, además, militante del Partido Comunista. El 10 de junio de 1975 a la noche su casa en construcción, en Ituzaingó, se llenó de hombres armados, algunos con las caras semiocultas con medias de nylon, otros a cara descubierta, que entraron rugiendo su nombre. “¡Te vinimos a buscar, hijo de puta!”, gritó uno de ellos, tras empujar a su esposa, Nora, y sus tres hijos sobre la cama de donde lo arrancaron a él. Desde allí, acurrucados y encañonados, fueron testigos de su fusilamiento con sesenta balazos. Para ellos fue el comienzo de una pesadilla de diez años, en que peregrinaron por pueblos, escondiéndose. Porque en cada lugar donde llegaban los allanaban o amenazaban. 

Cuarenta años después, Nora se encontró en una situación a la que había renunciado casi desde siempre: sentada en un juzgado federal, mirando fotos, topándose de pronto con el rostro inconfundible de uno de los asesinos, el que le apuntaba a su hijo Alexis de cuatro años mientras otras bestias de la patota de la Triple A agarraban a su marido. Se llamaba Juan Carlos Yovino y era policía federal asignado en “comisión” al Ministerio de Bienestar Social de José López Rega, base de la banda parapolicial. Está muerto, pero su reconocimiento permitió que el juez Norberto Oyarbide dijera por primera vez que Banylis fue asesinado, que se trató de un delito de lesa humanidad y que toda su familia fue víctima de una privación ilegal de la libertad que prolongó sus marcas a través de los años.

Oyarbide firmó una resolución el lunes pasado y se las entregó personalmente a Nora y sus hijos en una pequeña ceremonia en su despacho en los tribunales de Comodoro Py. A ella le provocó un alivio inesperado, y una sensación de “reparación” que creyó que era utopía, según le cuenta a Página/12. “Por muchos años viví en las sombras. Tuve que callarme la boca, mentir y enseñarles a mis hijos a mentir cuando les preguntaban de qué había muerto el padre, para poder sobrevivir. Uno se calla, pero nunca se olvida. Por primera vez entiendo que yo también soy una víctima”, reflexiona. Alexis, quien hoy tiene 45 años, recuerda en voz alta, que la mentira que le salía decir era que su papá “había pisado un jabón, se cayó y murió”. No le gustaba mentir, pero a la vez se sentía dueño de un saber que otros no tenían sobre la existencia de la Triple A, la organización terrorista que mataba gente desde el aparato estatal. 

La sentencia, que tiene un carácter declarativo dice: “La familia Banylis ha vivido pánico, terror, silencios, soledad, abandono, persecución posterior, hambre, falta de escolarización, han postergado la elaboración del duelo propio de todo ello, no conociendo la verdad de lo ocurrido y por temor a continuar soportando consecuencias conmovedoras. Fue el Estado mismo quien lo causó”.

El hallazgo del ex subcomisario Rodolfo Almirón en España, en 2006, en una playa cercana a Valencia por una investigación del diario El Mundo, fue central. Almirón era pilar de la custodia de López Rega y fue lo que llevó a Oyarbide a reabrir la causa sobre la Triple A (que funcionaba desde el Ministerio de Bienestar Social en pleno gobierno de María Estela Martínez de Perón) que se remontaba a 1975 pero había sido archivada. El juez encontró que había un pedido de captura contra Almirón desde 1984, y España aceptó extraditarlo. También había ordenes de captura contra otros dos policías que custodiaban al “Brujo”, Juan Ramón Morales y Miguel Angel Rovira, quienes también fueron detenidos. En un comienzo, se les imputaron casos como el asesinato del diputado Rodolfo Ortega Peña, el abogado Alfredo Curutchet, del ex subjefe de la Policía Bonaerense Julio Troxler, del abogado Silvio Frondizi y su yerno Luis Mendiburu, del periodista Pedro Barraza y su amigo Carlos Laham, de Daniel Banfi y Luis Latrónica. Luego se sumó el del cura Carlos Mugica.

Los tres acusados iniciales murieron desde que se recomenzó la investigación. El expediente se convirtió en una megacausa. Llegó a acumular 680 casos de homicidios, secuestros y extorsiones. También se sumaron imputados, que formaban parte de la organización a través de relatos y documentación: Jorge Conti, Carlos Villones, Julio Yessi, Norberto Cozzani y Rubén Pascuzzi. Entre todo el enjambre de casos, estaba el de Banylis. En 2006, Alexis por coincidencia vivía en España y militaba en HIJOS allá. Sus otros dos hermanos, Valentina y Leónidas, se presentaron en el juzgado de Oyarbide y él se sumó después. Declararon y estuvieron sin noticias del juzgado por largo tiempo.

El aporte de carpetas con fotos que hizo el Ministerio de Seguridad, como parte de la documentación archivada que se remonta a los años setenta fue vital para la causa, y demuestra la capacidad que tienen muchos organismos del Estado de colaborar con el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad, con sus archivos, si existe una política enfocada en ese sentido. En este caso, a Nora primero la llamaron del juzgado para que hiciera un identikit de las personas que se acordara; más adelante, fue a ver fotografías. Cuando llegó a la número 57 empezó a temblar y se puso pálida. “¡Es éste!”, exclamó. Fue instantáneo. No tenía dudas. Se armó un pequeño revuelo en la oficina y los secretarios que estaban con ella llamaron al juez, que fue a contenerla. Después no reconoció a nadie más.

Carlos Banylis era rubio, de ojos claros, buen mozo y de origen lituano. Una persona, según lo recuerda Nora, que siempre se despertaba de buen humor. Tocaba la guitarra, cantaba y adoraba el folklore. Le gustaba charlar con los vecinos, que siguen yendo a los actos para recordarlo en el barrio. Su historia concentra la persecución terrorista a militantes del Partido Comunista y también del movimiento obrero. Banylis quedó casi sentado contra la medianera cuando le perforaron la cara y el resto del cuerpo de tantos balazos. Nora fue a la comisaría, y tuvo la sensación de que quienes le tomaban la denuncia habían estado en su casa. Cuando tantos años después pudo releer esa declaración original en el juzgado de Oyarbide, advirtió que habían cambiado su relato. Por ejemplo, ella había dicho que venían recibiendo amenazas telefónicas, y que la última había sido el fin de semana anterior, durante el cumpleaños de uno de los hijos. Eso no figuraba en el acta. “A Banylis lo vamos a hacer boleta”, escuchó una voz distorsionada cuando atendió ella el teléfono. Y su marido le dijo “esta vez es en serio”.

Nora no quiso volver nunca a la casa y, de hecho, tuvo que escapar con sus tres hijos. Primero fueron a Salta, donde tenían casa y amigos. Pero tuvieron un allanamiento ya después del golpe de Estado en 1976 y se fueron. Volvieron a estar en Buenos Aires, aunque rápidamente terminaron en Santiago del Estero. “Quería estar lejos y criar a mis hijos. Valentina ya había cambiado cuatro veces de escuela”, recuerda. En un pueblo, Campo Gallo, iniciaron una vida “normal”, los chicos empezaron a ir a la escuela, hasta que una de las maestras le contó que habían pasado preguntando por ella. A ella siempre le resonaba la frese que le había espetado uno de los hombres de la patota tras matar a su marido: “Ahora volvemos por vos”. En la desesperación quemó buena parte de sus pertenencias y le fue a pedir ayuda al cura del pueblo. Se llamaba Carlos, y le explicó a Nora que iría hasta el Arzobispado en Añatuya, en su Renault 4L, a hacer una consulta. “Nos advirtió que si veíamos que demoraba, nos fuéramos. Y que si tenía buenas noticias, a la vuelta daría una misa”, dice Alexis a este diario. “Por suerte volvió, y dio la misa, a nosotros nos bautizaron, fue todo muy emotivo”, cuenta. El recuerda algunos días que estuvieron viviendo en la parroquia. Que el sacerdote –”el Gordo”, como le decían– tenía una biblioteca inmensa y le gustaba jugar al ajedrez. “Como mi viejo era comunista, todo lo que tuviera que ver con la Unión Soviética me fascinaba. Tenía Los Hermanos Karamazov (la última novela de Dostoievski) y a mí me gustaba porque mi mamá sacó mi nombre de ahí. En un momento empecé a leer mucho porque me buscaba un mundo paralelo”, recapitula. Desde entonces vivieron en El Impenetrable, en Monte Quemado. Nora vendía ropa y muchas veces le pagaban, por ejemplo, con comida. No podía figurar en ningún lado. Ella misma, contó su hijo, apenas tenía un vestido marrón y llegó a pesar 35 kilos. En 1986 volvieron a Buenos Aires.

Por esa época Alexis por su cuenta intentó reconstruir la trayectoria de la vida de su papá y cómo habían llegado a fusilarlo. Buscó material sobre su militancia. Trató de entender el funcionamiento de la Triple A. La significación de la represión en Villa Constitución y el asesinato de Atilio López, titular de la UTA. Alexis fue, entre sus tantas iniciativas, a hablar con el fallecido Eduardo Luis Duhalde, quien fue secretario de Derechos Humanos, y lo apuntaló. También fue al juzgado de Morón a buscar el expediente original, que simplemente estaba archivado y allí le dijeron que no podían reabrirlo sin nada nuevo. Así estuvo, leyendo y golpeando puertas desde la adolescencia, sin poder terminar la secundaria.

Yovino ya no está para que lo juzguen por participar del asesinato de su papá y por tenerlo a él encañonado. Pero Alexis y sus hermanos sienten una alegría especial, de satisfacción. Su mamá, Nora, a los 68, también. “Este fallo me está cambiando la cabeza. Hoy puedo contar lo que pasó y entender que yo también soy víctima, y mis hijos también”. El fallo declara: “Estos delitos fueron cometidos por parte de la tristemente célebre organización delictiva autodenominada Triple A, resultando Juan Carlos Salvador Yovino coautor de las privaciones ilegales de la libertad cometidas contra la familia Banylis y partícipe necesario del homicidio de Carlos Banylis”.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Quedaron en libertad cinco integrantes de la Triple A

Se trata de Jorge Héctor Conti, periodista y yerno del ex ministro de Bienestar Social, “El Brujo” José López Rega; Carlos Alejandro Villone, ex secretario privado de López Rega; y Julio José Yessi, ex jefe de la Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA). Rubén Pascuzzi, Norberto Cozzani, un feroz torturador que durante la dictadura actuó bajo las órdenes de Ramón Camps, jefe de la Policía Bonaerense.
Por: Gloria Pagés
Todos ellos, salvo Cozzani condenado por crímenes de lesa humanidad, esperarán en libertad el momento del juicio. Esta decisión de los camaristas, pocas veces vista cuando se trata de jóvenes humildes que esperan años en prisión una sentencia, es un claro mensaje de impunidad.

La jueza de la causa, María Servini de Cubría, resolvió una prórroga de cuatro meses de prisión preventiva que fue denegada por la Cámara Federal, integrada por los camaristas subrogantes Luis Bunge Campos, Julio Lucini y Mariano Scotto quiénes le otorgaron el beneficio de la libertad condicional. Éstos argumentaron que los detenidos, todos ellos de más de 70 años y varios con arresto domiciliario, ya habían superado el plazo de tres años de prisión preventiva sin que se hubiera dictado sentencia, cumpliéndose así los “los dos tercios de la pena requerida” para el delito que se les imputa, asociación ilícita, que tiene una pena máxima de cinco años, según el viejo Código Procesal Penal, que es el que antiguo que rige en esta causa.

Esta misma Sala de Casación ya había dictado la falta de mérito y liberado a otros tres acusados originalmente, Carlos Jorge Duarte, Raúl Ricardo Arias y Rodolfo Alberto Roballos.
La Triple A fue la principal de las bandas parapoliciales de ultraderecha que utilizó el gobierno peronista para acallar a la vanguardia obrera y estudiantil de origen tanto peronista, como de izquierda y clasista. Se estima que entre 1500 y 2000 luchadores fueron asesinados por los sicarios de López Rega. Muchos de ellos luego se reciclaron como parte de la dictadura del 76 y en su mayoría están impunes. La reciente sedición de la Cámara abona esta tendencia.

La causa judicial contra los integrantes este grupo fascista, se inició en 1975 a partir de una denuncia del abogado Miguel Radrizani Goñi. Cuando muere López Rega, en 1989, se cierra y vuelve a abrirse en 2007 por orden del juez Oyarbide que reclama la extradición de España, de uno de los principales integrantes de la banda, Fernando Almirón, también hoy fallecido, autor directo del asesinato del cura tercermundista Carlos Mujica. Otro de los fallecidos, que debían juzgarse en esta causa, es Juan Ramón Morales, custodio de López Rega.

En este caso, como en muchísimas causas de lesa humanidad, el tiempo y la justicia corren a favor de los asesinos de la vanguardia obrera y estudiantil de los 70.

martes, 9 de junio de 2015

Amenazaron a testigo de la Triple A

Alberto Rodríguez, testigo directo de crímenes cometidos por la banda de la Triple A bahiense y querellante en la causa judicial, fue amenazado por un hombre pasadas las 20 de ayer. Acompañado por el abogado Daniel Fortunato, denunció los hechos ante el fiscal general Alejandro Cantaro. En las próximas horas comenzará la investigación pertinente.

Rodríguez fue testigo del asesinato del estudiante David “Watu” Cilleruelo ocurrido el 3 de abril de 1975 en los pasillos del ala de Ingeniería de la Universidad Nacional del Sur. Brindó su testimonio e impulsó la investigación contra integrantes de las patotas de la Alianza Anticomunista Argentina que en Bahía Blanca eran conducidas por el jefe de la CGT y diputado nacional, Rodolfo Ponce, y el interventor de la UNS, Remus Tetu.

Si bien ambos represores fallecieron impunes, a principios de abril los fiscales José Nebbia y Miguel Ángel Palazzani requirieron el inicio de la acción penal contra varios integrantes de sus bandas. Luego de reiteradas quejas del Ministerio Público, el juez subrogante Santiago Ulpiano Martínez ordenó detenciones. Hasta el momento fueron capturados Miguel Ángel Chisu en Trelew y Raúl Roberto Aceituno en Ing. White.

Tras participar en representación de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre de la reunión de la Mesa de Diálogo convocada por la Procuraduría de Crímenes de Lesa Humanidad, Alberto Rodríguez dijo esta semana en FM De la Calle que respecto a la causa Triple A “el punto es si se quiere avanzar, Oyarbide lo utilizó como un método de apriete para tener una carpeta más con la cual sostenerse, avanzó en una detención y después no hizo nunca más nada. Pretenden que cada uno de los hechos cometidos, de los 24 en Bahía Blanca muertos por la Triple A, se haga un juicio único que es lo que pretendemos nosotros, no que tengamos que ir por cada asesinato y encontrar a los testigos del momento en que apretaba el gatillo y mataba a cada uno de los compañeros”.

“Lo que pedimos es: hay un listado, hay testigos de quienes operaron como la Triple A en Bahía Blanca, quiénes fueron los que participaron en hechos violentos y esa gente tiene que ir a juicio pese a que algunos ya empiezan a morir como el ‘Oso’ Chisu o Rodolfo Ponce. Pero que otros siguen caminando por las calles de Bahía o dictando clases en la Universidad”.

El testigo amenazado también denunció los supuestos vínculos del camarista federal Néstor Luis Montezanti con la Triple A. Fue en una sesión del Consejo Superior Universitario de la UNS donde se discutían asuntos vinculados a la actividad académica del abogado y ex Personal Civil de Inteligencia de la dictadura.

Aquel episodio le valió a Rodríguez ser querellado por Montezanti en 2008. Si bien el fallo fue parcialmente adverso para el militante popular, permitió que el juez correccional José Luis Ares probara que el actual camarista había estado presente, junto a un grupo de hombres armados, durante la toma de la UTN en 1974. Además, acreditó “suficientemente la pertenencia de Jorge Argibay y su grupo de matones a la tristemente célebre Triple A”.

viernes, 4 de julio de 2014

Un ex torturador de la Triple A fue detenido en Brasil: Salvador Siciliano estaba prófugo desde mayo

Salvador Siciliano, un ex torturador ligado a la Triple A, que estaba prófugo de la justicia desde mayo pasado, fue detenido ayer en Brasil a pedido del juez federal Norberto Oyarbide, quien lo investiga por diversos delitos de lesa humanidad presuntamente cometidos en en los años '70, antes del inicio de la última dictadura cívico-militar.
 
Tiempo Argentino

Siciliano fue capturado a través de un operativo conjunto de las filiales de Interpol de Argentina y el país vecino. Estaba en su casa de Arujá, localidad distante a media hora de la ciudad de San Pablo. Tenía sus documentos verdaderos y no opuso resistencia. Estaba junto a su esposa y sus hijos.
Siciliano tenía pedido de captura internacional en la causa 1075/2006, que sustancia Oyarbide. Se le imputan los delitos de asociación ilítica, homicidio, privación ilegal de libertad y lesiones, todos enmarcados en acciones de la Triple A, que lideraba José López Rega, referente de la derecha peronista y ministro de Bienestar Social en las presidencias de Juan Perón y María Estela "Isabelita" Martínez de Perón.

Según el diario digital brasileño Jornal do Brasil, a pesar de que a Siciliano se le atribuye la muerte de por lo menos tres personas, la justicia recién emitió la orden de captura en mayo porque "las investigaciones sobre las acciones de los grupos de exterminio avanzan con dificultad".
Álvarez señaló a ese medio que "al haber muchos casos (de delitos de lesa humanidad) bajo investigación, se dificulta la identificaçión de los acusados".
A partir de la detención de Siciliano, el gobierno argentino tiene 90 días para formalizar el pedido de extradición, que será analizado por el Supremo Tribunal Federal brasileño, que hace las veces de la Corte Suprema de Justicia local.

MUGICA. El 24 de junio pasado hubo otro novedad vinculada a la Triple A. Oyarbide dictó el procesamiento de Carlos Villones, el secretario privado de López Rega por el asesinato del cura Carlos Mugica, realizado por esa organización paraestatal el 11 de mayo de 1974. «

lunes, 23 de junio de 2014

El exsecretario privado de López Rega, procesado por el crimen de Mugica

Carlos Villone, quien se encuentra detenido y a las puertas de otro juicio en el marco de la causa que investiga la "asociación ilí­cita" de la Triple A, creada por el fallecido ministro de Bienestar Social, José López Rega, fue procesado ahora con prisión preventiva por el asesinato del sacerdote Carlos Mugica, ocurrido en 1974, atribuido a aquel grupo parapolicial.

El juez federal Norberto Oyarbide procesó a Villone como "autor" de los asesinatos del "cura obrero" y del militante de izquierda Carlos Llerena Rosas, cometido en el mismo año, hecho por el cual también fue procesado el periodista Jorge Conti, responsable de prensa del Ministerio de Bienestar Social y yerno de López Rega.

Tanto Conti como Villone ya están detenidos en el marco de la causa de la Triple A, junto con otros tres acusados, quienes serán sometidos a juicio con el "código viejo", es decir, en un proceso escrito y ante un solo magistrado, María Servini de Cubrí­a.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Los guardianes de Mugica

El 11 de mayo de 1974, la Triple A asesinó Carlos Mugica. El cura fue sorprendido a la salida de la parroquia de San Francisco Solano. Recibió 14 impactos de bala. Su amigo Ricardo Capelli, que estaba con él, recibió cuatro. Ambos fueron trasladados al Hospital Salaberry. Allí fueron operados por el cirujano Marcelo Larcade. Capelli y Larcade nunca más se vieron. Hoy, 40 años más tarde, se reencontraron en la redacción de Tiempo Argentino

Por: María Sucarrat

Ricardo Capelli: –¡Qué lindo verte! ¡Qué lindo verte! Un cacho de este cuerpo que me quedó ¡te lo debo a vos!
Marcelo Larcade: –Para mí, este encuentro es inimaginable.

Los que hablan son paciente y médico. Un baleado por  la Triple A, el 11 de mayo de 1974, y el jefe de guardia del Hospital Salaberry, donde fue trasladado. Carlos Mugica, el sacerdote, debería haber estado en el encuentro pero murió en el quirófano. Marcelo Larcade anunció su deceso después de pelear contra un cuerpo con 14 orificios de bala. Ricardo Capelli se salvó. Tenía cuatro disparos y mucha suerte porque una de las balas le pasó por la curva que pega la aorta cuando sale del corazón. 

Cuarenta años más tarde de esa tarde, en la redacción de Tiempo Argentino se vuelven a ver. En realidad, el único que vuelve a ver es Larcade, porque Capelli casi no se acuerda de él. El shock se ocupó de permitirle recordar sólo lo soportable. Y a lo largo de la tarde, se encontrará con sorpresas que lo emocionarán. Larcade le contará cómo lo operó, le dirá que Mugica pidió que no lo tocaran a él hasta que no lo operaran a su amigo, dirá algo inédito: que el quirófano, mientras operaba a Mugica, estaba ocupado por unas 300 personas, entre policías uniformados y de civil, que esperaban la confirmación de la muerte. Los dos contrastarán certezas, hipótesis, entre risas y lágrimas. Y se abrazarán fuerte, se prometerán verse a menudo.

ML: –Un día en Mataderos era tres veces peor. Era un hospital de guerra. Venían apuñalados de todas partes. Y en esa época se peleaba a cuchillo. No es chiste.
RC: –Yo no sé lo que duele el cuchillo, pero la bala duele mucho. Es terrible.
ML: –Tiene una capacidad de destrucción inimaginable.
RC: –Hubo balas que a Carlos le dieron vuelta por todos lados.
ML: –Sí, hasta el páncreas le agarró. Después de leer la autopsia, a la que accedí hace unos pocos días, respiré hondo y me dije: "Se murió porque se tenía que morir."
RC: –De todas maneras, qué compromiso el tuyo. Operar con el quirófano lleno de matones. Yo no salí del pasillo. Lo que vos me hiciste a mí me lo habrás hecho en el pasillo.
ML: –En el consultorio de la guardia. Ahí estaban los dos. Te puse anestesia local. ¿De qué lado había sido?
RC: –Izquierdo.
ML: –Te puse un tubo de drenaje y con eso se descomprimió el hemotórax que tenías. Vos tuviste una conexión para el Rawson.
RC: –Sí. Vino un amigo mío médico a ver qué pasaba y habló con un colega tuyo y le dijo: "No, no te preocupes. Eso cierra solo." Entonces mi amigo entró a llamar por teléfono a otros cinco y entre todos me robaron. Me metieron en una chata. Yo me desperté ahí y vi una prima mía que estaba sosteniendo un suero que ahora supongo que me lo pusiste vos.
ML: –Sí. Aparte tenías un tubo en el tórax que iba a un recipiente que en esa época era de vidrio, con un drenaje bajo agua que permitía que saliera aire del tórax pero que no entrara.
RC: –¿Y a vos te dejaron trabajar conmigo?
ML: –Con vos sí.
RC: –Porque calculá que yo era también boleta. A mí me sacaron al Rawson a los tres días después de que vino el yerno del Brujo, Jorge Conti, a verme. Me dijo: "Ricardo, ¿viste lo que le pasó a Carlitos?" Y así yo me entero de que Carlos había muerto. A mí me lo estaban escondiendo. "Mirá –me dijo–, yo vengo de parte de don Pepe para lo que necesites." Don Pepe era López Rega.
ML: –¡Uy, la puta madre!
RC: –Entonces yo le dije a mis amigos: "Sáquenme de acá." Y así todo entubado como estaba, rodeado de canas, me sacaron.
ML: –El quirófano, cuando lo operé a Mugica, estaba lleno de canas. Habría 300 personas adentro mientras operaba.
RC: –¡¿Esperando que se muriera Carlos?!
ML: –Sí. Esperando la certificación.
RC: –Una vez que se murió, ¿se fueron?
ML: –Sí. Hubo como una especie de desbande y luego salieron. El objetivo estaba cumplido. Era la certificación
RC: –¡Qué hijos de puta!
ML: –Había policías y también mucha gente de civil. Es decir, de esa gente que uno en esa época no paraba por la calle para preguntarle cualquier cosa.
RC: –Yo sólo alcancé a ver al padre de Carlos y a mi hermano.
ML: –Yo hablé con el padre de Carlos, Adolfo Mugica. Un señor bajito, muy elegante, con un sobretodo con el cuello levantado y la solapa de terciopelo, y un sombrero que si no era un bombín, era parecido.
RC: –Adolfo era del Partido Conservador. Y como toda familia partricia, ellos querían tener un hijo cura o un hijo militar, en lo posible en la marina. Se les cumplió lo del hijo cura, pero les salió "fallado". Como yo no recordaba qué pasó después, siempre me quedé pensando, Marcelo, cómo habría sido la atención de Carlos. Yo no sabía. No llegué a saber quién fue que operó. Vos me viste a mí, pero eso que viví ahí no recuerdo.
ML: –Para todos esa noche fue siniestra y espantosa. Inimaginable, a pesar de que en ese momento pasaba de todo.
RC: –Yo nunca pensé que se iban a animar.
ML: –Pero se animaron.
RC: –Lo que pasa es que cuando sabés quiénes son te das cuenta.
ML: –¿Cómo no se iban a animar? Si tenían todo para eso y mucho más.
ML: –Yo los veía en Bienestar Social, pero siempre creí que era la custodia del Brujo. No sabía entonces que era la Triple A. Ellos mataban por las dudas, también.
RC: –Si había error en exceso no pasaba nada.
ML: –Mi esposa tiene un hermano detenido desaparecido. Tuve muchos meses gente caminando por la cuadra de mi casa, esperándolo.
RC: –Ellos también mataban donde había guita. Mataban y se llevaban la plata. ¡Había inmobiliarias! Una vez llegué al despacho de Jorge Conti, que estaba con un tal Roque Escobar, y un tal Martínez, de Mendoza. Los tres miraban un plano enorme. Yo trabajaba en la Bolsa de Cereales entonces. Y me decían; "Vos Ricardito, que estás en cereales, agarrate una parte de esto." Era un plano de Camet. Habían liquidado a todos y se quedaban con sus campos. ¿Sabés que no tengo título para eso? No sé cómo llamar a esa gente. Así como pasó con las Chacras de Coria, con Massera. ¡Se repartieron todo! Después, en el '78 me chuparon. Y, Marcelo, ¿qué te dice tu familia de que te encontraste conmigo después de tanto tiempo?
ML: –Ellos están muy contentos. Mi familia es muy linda. Vivo con mi esposa desde hace 48 años. Tenemos cinco hijos y 12 nietos. Mi mujer me llamó hace un rato para ver cómo estaba.
RC: –¿Y por qué se te dio por aparecer ahora?
ML: –Yo estuve repasando la historia. En muchas oportunidades fui a los homenajes que se le hicieron a Carlos Mugica, pero parece que nunca estuve en el lugar y el momento adecuados. 
RC: –Yo aparecí en el '89. Estuve 25 años autoexcluido. Hasta el '83 estuve amenazado, controlado. Me llamaban a mi casa: "Capelli, te vas a morir."
ML: –¿Y del Rawson a dónde fuiste?
RC: –A la casa de mi vieja. Pensé que ahí no me iban a encontrar. Una vez fui a Alpi, en la calle Echeverría. Ahí hacía la rehabilitación de la mano. Cuando volvía a mi casa, vi un revuelo de gente. Resulta que debajo de la ventana que daba a la calle, de la habitación en la que dormía, habían dejado una corona con mi nombre. Tenía una bomba. Una vecina me dijo: "Rajá." Así eran las cosas. Mirá, yo tengo acá una marca que es de bala.

Aunque Marcelo Larcade se acaba de jubilar, tiene ojos y dedos de cirujano intrépido. Capelli se abre la camisa y le muestra la zona de la clavícula. Larcade pone el dedo índice en su piel y es preciso.

ML: –Acá está. Esta es la marca. Por acá entró la bala. Ahí, al lado de esa marca está el cayado de la aorta, es una arteria de buen calibre que pega una vuelta.
RC: –Era una bala de 9 mm. 
ML: –La ví.
RC: –Por eso, encontrarte a vos, es un disfrute. 
ML: –Cuando Carlos y vos entran al Salaberry, yo estaba operando a otra persona en el quirófano. Y me vienen a avisar. "Doctor, está el padre Mugica y otro más, heridos de bala." El Salaberry era un hospital de guerra. El quirófano funcionaba las 24 horas. Lo que pasaba en la Ruta 3, de allá hasta Bahía Blanca, iba a parar al Salaberry. Y siempre teníamos trabajo. Yo estaba en la guardia del sábado de 24 horas. Lo primero que aparecía cuando uno entraba al hospital era la guardia. Y los sábados estaba llena de gente. A la izquierda estaba la sala de hombres y a la derecha la de mujeres. Había una sala de espera y después una sala enorme con camas una al lado de la otra donde estaban los internados en la guardia.
RC: –¿Pero vos qué tenías?, ¿veinte años?
ML: –Tenía 32 años. Me recibí a los 21. Estaba acostumbrado a recibir heridos y gente en mal estado. Yo estaba en el servicio de tórax. El jefe era Ayas y era muy exigente, un maestro del alma, discípulo de Finocchieto.
RC: –Perdón, te interrumpí.
ML: –Cuando terminé de operar, salgo y lo veo a Carlos y te veo a vos. A vos te iba a drenar el tórax otro. Y Carlos me dijo "No". 
RC: –Eso no lo recuerdo. 
ML: –Los dos estaban despiertos. Carlos se estaba confesando con un cura amigo. Cuando yo me lo voy a llevar, me dice: "No. Operalo a él." Le dije que sus heridas eran más importantes. "Yo no quiero que me operes a mí antes que a él", me dijo. Y como lo tuyo era corto, era sólo poner un tubo en el tórax y un drenaje, entonces lo hice.
RC: –No te puedo creer.
ML: –Más cristiano que decir "arreglalo a él antes que a mí, conmigo después vemos" es imposible. Eso es dar la vida por el otro. Él eso lo había hecho ya. Mil veces lo había hecho.
RC: –Y enfrentándose con quienes no lo querían para nada.
ML: –Al convencido no lo parás. Y más si es un convencido de cuestiones morales, de la Iglesia. Es una decisión de vida. Y él la llevó a cabo hasta el final.
RC: –Eso no es humano.
ML: –Mirá, Carlos estaba lúcido. ¡Tenía una lucidez! La persona que está pensando, desde el punto de vista humano, en su muerte, no dice "Operalo a mi amigo." Sólo piensa que termine lo que está pasando.
RC: –Lo que contás me da más culpa, Marcelo. Carlos tendría que haber vivido, no yo.
ML: –¡No! Él no tenía las condiciones para vivir. Si vos tenías un 15% de probabilidades de morir, el tenía 98. O 99. Yo te la saco la culpa. ¡No te enojes con tu destino!
RC: –Cuando a mí me dice "fuerza, Ricardo, que salimos", lo balbucea. Por eso me sorprende que me digas que estaba tan lúcido. Cuando íbamos en el auto, él no gritaba.
ML: –Vos deberías tener dos impactos.
RC: –Cuatro.
ML: –Bueno. Carlos tenía 14. Era un colador.
RC: –¡Qué bueno es conocerte! Ya creo que estoy para dar las hurras. Doy las hurras y me voy. Yo no sabía todo esto que contás. Y eso que yo estaba bien. Lo único que me acuerdo es que en un momento yo tenía la respiración chiquitita así. Como pequeños jadeos.
ML: –A vos el tubo te lo pusimos en el consultorio. Primero te dimos anestesia local. Después me fui al quirófano con Carlos.
RC: –Y ya estaban los tipos adentro.
ML: –Era un mundo de gente. Todo el quirófano lleno de gente que no conocía.
RC: –¿Y vos no podías decir que salgan?
ML: –Normalmente el cirujano hace un gesto, y todo el mundo se va. Sin hablar. Pero ese día no. Había una banda de mafiosos adentro del quirófano que lo único que buscaba era la certificación de la muerte de Carlos. Si él se salvaba y quedaba en el hospital, le podrían haber hecho mil cosas. Más inseguro que el hospital no había nada. El objetivo era que Carlos no estuviera más. Que se acabara.
RC: –¿Y cuánto tiempo estuviste operándolo?
ML: –Más o menos dos horas.
RC: –Nosotros entramos a las 8. No sé lo que tardamos en llegar porque íbamos en un Citroen 12V. No sé lo que tarda en llegar. Atrás iban el cura (Jorge) Vernazza, María del Carmen (Artero) y Carlos. Adelante, el chofer y yo.  
ML: –¿Y después cómo engancharon que eran (Rodolfo Eduardo) Almirón y (Juan Ramón) Morales los que dispararon?
RC: –Porque yo lo conocía a Almirón del Ministerio de  Bienestar Social. Lo que no pude ver es el arma, porque ese día llovía y el arma estaba tapada por el piloto. 
ML: –¿A Carlos lo mató Almirón?
RC: –Sí. A mí me dispararon desde otro frente. Había más. Y todos se subieron a un Chevy y se fueron arando. Ahora, si vos me decís que en el Salaberry había 300 tipos, entonces ya sabían. Se fueron para allá.
ML: –Yo estaba abstraído de todo lo que pasaba más allá de la camilla. Empecé a recapitular después de la muerte de Carlos, al rato que salimos del quirófano. El hospital era un gentío. Nunca un herido había convocado semejante cantidad de gente.
RC: –¿Cuándo te enteraste vos de que era Carlos?
ML: –Alguien entró al quirófano a avisarme que estaba Carlos Mugica. El era un tipo admirado por mí. Yo he trabajado toda la vida en barrios. En Bella Vista atendía el barrio Santa Ana con unas monjas que eran una maravilla.
RC: –¡Qué cosa que no me acuerdo de cuando me pusiste el tubo!
ML: –Es que con estrés te bancás todo. En la guerra se amputaba con estrés.
RC: –Sí, pero esto no era la guerra.
ML: –¡Pero lo que te tocó a vos, en lo personal, sí! Vos no tenías armas.
RC: –Yo no sé manejar un arma. Nunca la manejé y siempre les tuve miedo. Carlos tampoco manejaba armas. Jamás.
ML: –Esto que pasó, que hablamos 40 años después, es lo más trascendente que me pasó en mi vida de médico. Y durante mucho tiempo yo no lo pude ni contar.
RC: –Yo no lo sabía.
ML: –No lo sabía nadie.
RC: –Y mirá en qué momento me lo viene a contar. Ahora que se está poniendo otra vez de moda la teoría de la Triple A y Montoneros.
ML: –Pero uno vivía en una sociedad dividida. Dentro de la sociedad y hasta de la familia, había gente que veneraba al padre Mugica y otros que estaban contentos de su muerte. Otra cuestión es que yo nunca tuve acceso a la historia clínica ni al parte quirúrgico. El punto es que en un hospital de heridos, después de que atendías a una persona que llegaba en esas condiciones, te pasabas la vida desfilando por los juzgados.
RC: –¿Nunca te llamaron a declarar?
ML: –Nunca. La policía veía el parte, o la historia clínica, y te llamaba a declarar. Entonces el médico tenía que ir a contarle al juez. Después llegaba un médico legisla que ponía tribunales y preguntaba por qué no se había hecho esto o aquello. El punto es que cuando vos tenés en la camilla del quirófano un tipo que se está muriendo, lo primero que tenés que hacer es tratar de que no se muera.
RC: –Y a vos nunca te llamaron.
ML: –A mí me gustaría ver una copia del parte quirúrgico. Pero lo más probable es que hayan secuestrado la historia clínica. Hoy, en 2014, es imposible sacar una historia de un hospital si no tenés una orden judicial. En ese momento no existía nada de eso.
RC: –Pero el parte lo hiciste.
ML: –¡Sí! Y la historia también. Por eso esperaba que me llamaran a declarar. Siempre después de un herido de bala, un accidente, un muerto, tenés que pasar por el juez. Además, era un hecho muy trascendente. Nunca me llamaron para nada. El hospital quedó muy connmocionado.
RC: –Quiere decir que esto estaba todo concatenado.
ML: –Repasando la historia me preguntaba, ¿por qué había tanta gente? Porque querían certificar la muerte. No había ningún objetivo en ese momento.  
RC: –¿Y no te acordás de ninguna cara?
ML: –Era un mundo de gente. Es más, toda la guardia quedó conmovida. Carlos Mugica era una persona muy conocida.
RC: –Carlos era tremendo. Era muy hábil, era muy carismático. Como cura, llegaba hasta lo más hondo y como tipo era genial. Íbamos a comer afuera, no nos cobraban. La gente por la calle lo paraba. Todos tenían algo para decirle o lo querían saludar. La gente estaba muerta con él. Y las mujeres también. Cuando entramos al hospital, estábamos los dos con las patas para adelante. Adelante nuestro estaba el quirófano.
ML: –Cuando salí de operar, los dos ya tenían las cosas básicas. Radiografía de tórax, grupo sanguíneo y las vías de suero. Las personas que se metieron al quirófano llegaron después que llegaron ustedes.
RC: –Es que entre que vos salís del quirófano y entra Carlos, ahí se habrán metido las personas. No tengo ni idea el tiempo que pudo haber pasado.
ML: –Calculá media hora. Entre que yo te veo a vos y a Carlos, ya haría por lo menos media hora que estaban en el hospital. Estaban los dos conscientes. Lo tuyo habrá llevado 20 minutos. Yo quisiera encontrarme con el parte quirúrgico.
RC: –¿Hablaba bien?
ML: –Te repito, para que una persona ceda su lugar a otro, tiene que estar más que lúcida. No es algo del orden inconsciente. Puede ser inconsciente en una mamá que cede su lugar al hijo porque piensa en él las 24 horas. Lo más probable es que intuía su muerte.
RC: –No creo.
ML: –Las personas intuyen, Ricardo. No se equivocan en eso.
RC: –Yo sentí la muerte cuando tenía la respiración "cortita". ¿Carlos tuvo la respiración así?
ML: –No. Él entró consciente a la sala de operaciones. Nadie cede su lugar en el último escalón.
RC: –¿Vos sabías que se moría?
ML: –Sí. No había forma de solucionarlo. Hoy un herido así entra a una institución que tiene el recurso de tener una bomba de circulación extracorpórea y probablemente se salve.
RC: –¿El corazón de Carlos estaba dañado?
ML: –Sí.
RC: –Cuando Almirón le tiraba, Carlos se empezó a deslizar por la pared. Le tiraba de arriba para abajo. Por eso no tenía la cara dañada. ¿Tenía algún tiro en la espalda?
ML: –Tenía todos disparos de salida. A él lo balearon de frente.
RC: –Yo pienso que la manera de entender a Carlos es entender su bondad.
ML: –Yo siempre tuve la sensación de haber operado a un santo. Y lo que hizo Mugica en ese momento fue un acto de amor. Eso es dar la vida. Es dar todo.
* Autora de la biografía
“El inocente, Vida, pasión y muerte de Carlos Mugica”

jueves, 14 de febrero de 2013

Documentos de inteligencia: JSP de Moyano participaba de operativos con los militares



JSP de Moyano participaba de operativos con los militares

24 de mayo de 2012
• Documentos de inteligencia: JSP de Moyano participaba de operativos con los militares

Los 70: Documentos de Inteligencia revelan que miembros de la JSP de Moyano realizaban operativos conjuntos con las FFAA contra “Subversivos” en Mar del Plata (1975) y fueron protegidos por las FFAA el dia del golpe de 1976

Por Carlos Petroni
• Moyano, amigo y aliado de los militares del genocidio

Documentos de inteligencia de la Prefectura Naval y el Comando Naval de la zona de Mar del Plata, que obtuvimos en nuestras investigaciones y que publicamos con este artículo, muestran que miembros y cuadros de la Juventud Sindical Peronista (JSP), liderada en esa ciudad por el hoy Secretario General de la CGT, Hugo Moyano y Miguel Landín (que fue hace pocos años diputado provincial), Alejandro Alfredo Escobedo y otros, participaban y colaboraban en operativos “antisubversivos” por lo menos desde 1975. (Ver más abajo documento de Inteligencia de Prefectura del 21 de Febrero de 1975)

Otros documentos de inteligencia, también en nuestro poder, demuestran la continuidad de las relaciones entre la JSP y los militares que se ejemplifica en que el día del golpe de estado, el 24 de marzo de 1976, fueron detenidos varios miembros de la JSP, algunos como Escobedo a quien se identifica en los informes como “vinculado a los grupos armados de la JSP” liberado pocos días después “por falta de mérito.” (Ver documento de Inteligencia que da la lista de detenidos del 24 de marzo de 1976 y su destino posterior, algunos de cuyos extractos publicamos aquí).

Documentos de Inteligencia. Extractos con listas de detenidos el dia del golpe del 24 de marzo de 1976 muestran que algunos detenidos de la JSP ese día, incluyendo Escobedo fueron liberados en forma inmediata. Para ver una ampliación de estas imágenes clicke aquí, para leer como se informa que Escobedo fue rapidamente liberado a pesar de indicarse que pertenecia a "grupos armado de la JSP" junto a otro miembro de la la Juventud Sindical Peronista y aquí, donde se muestra la pronta liberacion del tesorero del gremio de Panaderos, uno de los participantes de operaciones conjuntas con miembros de las FFAA con anterioridad al golpe. Clicke aquí para leer la tapa del informe reservado

Otros detenidos de la JSP del 24 de Marzo de 1976, incluidos algunos de los que participaron en operativos como el que reseñamos en esta nota, que al momento de ser detenidos portaban armas de guerra, fueron inmediatamente dejados en libertad por los militares. Esa connivencia mutua se extendió durante la dictadura.

1975: El caso de la captura de Víctor Francisco Paz por los militares y la JSP

En uno de los documentos que publicamos junto a esta nota, un informe de inteligencia de Prefectura Naval fechado el 21 de febrero de 1975, y firmado por el Subprefecto Bernardino M. Nieto, Jefe de la Sección de Información, se narra como cinco miembros de la Juventud Sindical Peronista del gremio de panaderos, alineada con Moyano, Landín y Escobedo suministraron información sobre un supuesto colaborador del ERP y solicitaron y obtuvieron la autorización militar para participar de allanamientos y la detención del Cabo 2do. de Comunicaciones de la Armada Víctor Francisco Paz.

Documento de Inteligencia de Prefectura del 21 de Febrero de 1975 donde se indica la participacion de cinco miembros de la Juventud Sindical Peronista en un operativo de represion para capturar e interrogar a un sospechoso de ser "subversivo" y presunto colaborador del ERP. Clicke aquí para ver las imágenes ampliadas

Paz era presuntamente desertor de la Armada y planeaba – según la JSP y la Inteligencia – entregar documentación secreta de la Base Naval al Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP).

En los documentos de inteligencia, se describe como un militante del “Peronismo Ortodoxo” recomendó a un informante que se pusieran en contacto con la inteligencia militar y lo puso en contacto con la JSP para que interviniera en el asunto junto a los militares.

La operación, que consto de allanamientos a moradas de sospechosos, termino con la detención del Cabo Paz y otra persona.

Aparentemente la inteligencia militar, después de los interrogatorios de rigor, expreso dudas acerca del carácter de las actividades del Cabo Paz, de quien informan, además, que tiene varios procesos abiertos por mala conducta y hasta una violación que estaban siendo investigadas en la Armada.

Según el informe, el cabo Paz tenia 17 sanciones disciplinarias que totalizaban 157 días de arresto y en sus fojas había un pedido del oficial Páez pidiendo su baja de la Marina con fecha, 1973, dos anos antes de su detención. También se incluyen otros informes y sanciones a Paz del ano 1974 (firmado entre otros por el Jefe de Comunicaciones Manuel Riveriro).

Entre los efectos incautados al Cabo Paz se encontró una libreta de anotaciones con listas de equipo electrónico de la Base Naval, planos, listas de militares y de equipos de comunicación disponibles en la unidad.

Al ser detenido, indica el informe, se interrogo a Paz en el propio vehiculo de la Armada donde era transportado. No existen indicios posteriores de que paso con el sospechoso ni cual fue su destino final.

Los anales de la inteligencia militar y naval de la ciudad de Mar del Plata están repletos de información de este tenor. La colaboración de la JSP y otras organizaciones de ultra derecha con los militares en procedimientos, allanamientos, detenciones se prolongo durante por lo menos todo el periodo desde 1975 y posteriormente, bajo la dictadura instaurada en 1976.

Es por eso que resulta increíble que esa documentación no se haga publica y no se utilice en los casos de juzgamiento de crímenes de lesa humanidad, sino solo selectivamente. Esos archivos contienen nombres, apellidos y circunstancias de operativos militares y navales, así como de cuales organizaciones políticas y activistas, como en este caso, colaboraban activamente con la represión.

Una breve historia de relaciones peligrosas

Moyano era por entonces, 1975, no solo dirigente de la JSP, sino miembro de la Comisión Directiva de la CGT local (de la que seria mas tarde también su secretario general); Landín era Secretario Adjunto de la central sindical y Escobedo revistió, entre otros cargos, como Secretario de Prensa tanto de la JSP como de la CGT local.

Resultaría imposible que las actividades, narradas mas arriba donde participaban integrantes de su organización no estuvieran en el conocimiento de estos dirigentes, mas aun cuando se emitían comunicados precisamente alentando este tipo de “colaboración.” Y por el rígido verticalismo imbuido en esas organizaciones de ultraderecha,

La JSP local había sido fundada en Mar del Plata en 1971 por Moyano y Landín quienes además eran sus delegados a la dirección nacional de la organización creada por el entonces Secretario General de la CGT nacional, Ignacio Rucci. La JSP tenia como una de sus funciones principales el “identificar y detener Montoneros” en el ámbito fabril y laboral, que anunciaban como propósito en solicitadas y comunicados públicos. (Ver nota del Diario La Capital de Mar del Plata “La JSP se abocara a la Identificación y Captura de los Montoneros, 12 de Setiembre de 1974)

Diario La Capital de Mar del Plata “La JSP se abocará a la Identificación y Captura de los Montoneros, 12 de Setiembre de 1974. La JSP dirigida por Moyano hablaba publicamente de su tarea represiva.Clicke aquí para ver la imagen ampliada

A pesar de que en el sindicalismo marplatense de esos anos se enfrentaban dos facciones de dirigentes ortodoxos del Peronismo por cuestiones de poder, a la hora de realizar operativos contra la izquierda o la izquierda peronista, coordinaban los dos bandos sus acciones.

La otra tarea de la JSP era crear una corriente intersindical para neutralizar al neo-Vandorismo, dirigido por el metalúrgico Lorenzo Miguel, bajo ordenes del General Perón que desconfiaba de la lealtad de esa vertiente sindical desde que su fundador Augusto Timoteo Vandor postulara un “Peronismo sin Perón” en la década del 60.

Cualquier observador de la realidad nacional no puede dejar de advertir la similitud de esas tareas de la JSP de los 70 con las que desarrolla la reanimada JSP de estos días, creada por Pablo Moyano y el hijo de Ignacio Rucci, y hoy a cargo de Facundo Moyano, flamante diputado del Frente para la Victoria (FPV).

Vandor fue ejecutado en la sede de la UOM el 30 de junio de 1969 por un auto denominado “Ejercito Nacional Revolucionario” compuesto por activistas que luego serian parte de Montoneros.

Las vinculaciones entre la JSP y la CNU-Triple A

Sugestivamente, la JSP y la CGT marplatenses estaban estrechamente vinculadas a la Concentración Nacional Universitaria (CNU), una organización terrorista de ultra derecha que actuó como el brazo marplatense de la Triple A, reconocida por la justicia como ejecutores de crímenes de lesa humanidad.

El jefe de la CNU entre 1971 y 1974, ano en que fue asesinado por un comando guerrillero era el Dr. Ernesto Piantoni, que a su vez era el asesor letrado de Moyano y la propia CGT local. La JSP y la CNU locales actuaban en común acuerdo, publicaban solicitadas conjuntas y ejercitaban la violencia en forma coordinada.

Tanta era la coordinación entre la JSP y la CNU, además del Sindicato de Camioneros y otros, que en 1975 un grupo de ellos coparon la sede local de la CGT para dar un golpe de estado contra el secretario general de aquella época, el dirigente del SUPE Comaschi. El grupo armado puso provisoriamente a cargo de la central de trabajadores a una “Comisión de 10” sindicatos entre los que se encontraba el Sindicato de Camioneros dirigido por Moyano.

La disputa se centraba en relación a la verticalidad que había que sostener en relación al gobierno nacional de Isabel Perón que se hallaba en un enfrentamiento con el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el metalúrgico Victorio Calabró, que para fines de 1975 promovía posiciones abiertamente golpistas contra el gobierno nacional.

La pelea entre los dirigentes locales de la CGT fue posteriormente resuelta mediante negociaciones entre los diferentes sectores de la burocracia sindical que abrió el paso para que el propio Moyano asumiera eventualmente la secretaria general de la CGT marplatense.

Según informes de inteligencia de la Prefectura Naval, el único que resistió el acuerdo fue el dirigente del gremio de viajantes, Mario Cámara, que había dirigido el copamiento armado de la central sindical. Cámara era reconocido como un hombre de acción, miembro y colaborador a la vez de la CNU y con estrechos lazos con la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN). (Ver Informe Secreto – Memoria Anual 1975 – Sección Información de la Prefectura Naval Argentina – Fecha: 12-12-75)

Informe Secreto – Memoria Anual 1975 – Sección Información de la Prefectura Naval Argentina. En el capitulo destinado a hacer una sintesis de la situacion interna de la CGT dirigida ppor fracciones enfrentadas de la "ortodoxia" y la ultraderecha Peronista. Clicke aquí para ver las imágenes ampliadas del informe

Después de la muerte de Piantoni en 1974, le sucedió al mando de la CNU/Triple A, de acuerdo a fuentes judiciales, el Dr. Gustavo Demarchi, quien llego a ser Fiscal Federal de la ciudad, asesor de la Universidad local, abogado de la CGT y de Moyano y finalmente el candidato a Intendente del PJ en 1983 con el auspicio y apoyo del por entonces también Presidente del PJ local: Hugo Moyano.

La causa abierta por crímenes de terrorismo de estado en Mar del Plata

Demarchi y cerca de una docena de miembros de la CNU están siendo hoy procesados por crímenes de lesa humanidad por la Justicia Federal de Mar del Plata en la causa 13793. Casi todos los acusados en esta causa estuvieron estrechamente ligados a los ámbitos de la Universidad Provincial, que dirigían a partir de 1974, a los sindicatos y la CGT locales donde también actuaron con muchísima influencia y dirección entre 1971 y 1976 y a la Fiscalía Federal de la ciudad que era dirigida por el propio Demarchi.

Esta acción penal por Asociación Ilícita y Delitos de acción Publica fue abierta después que el juez Norberto Oyarbide se declarara incompetente para juzgar los crímenes de la CNU ya que reconoce el carácter de crímenes de lesa humanidad de la misma, pero no admite que estuviera subordinada a la Triple A, causa que se mantiene inactiva y a su cargo hace anos, a pesar de abundante evidencia en contrario.

Estos crímenes, asesinatos y secuestros que son investigados, solo comprende a los cometidos entre 1975 y 1976, que investiga el Juez Santiago Inchausti, son solo una muestra de los actos de terrorismo de estado cometidos en Mar del Plata por la Triple A.

Demarchi espera en una cárcel común de Colombia su inminente extradición, ya que al hacerle conocer fuentes judiciales de su inminente detención hace más de un ano, se fugo del país.

A pesar del creciente volumen de evidencia sobre las relaciones entre la CNU/Triple A, dirigentes y organizaciones gremiales de entonces y el aparato político del PJ local, y a pesar de existir indicaciones de la Cámara Federal de Mar del Plata en el sentido de al menos investigarlas, el juez Inchausti y el fiscal asignados a la causa 13793, parecen negarse a expandir la investigación que podría complicar a personajes poderosos del sindicalismo y la política actuales.

En ese sentido, la apertura publica de todos los informes de inteligencia militares y navales, de la Prefectura, PFA, SIPBA y otras agencias similares (que se mantienen intactos) ayudaría a dilucidar cientos de crímenes e imputar a muchos de sus responsables. Solo una decisión política de proteger a potenciales culpables puede explicar el secreto que rodea a esta documentación. ■

martes, 14 de agosto de 2012

La impunidad y la responsabilidad de Oyarbide y el gobierno

Por Mesa de Investigacion y Accion contra la Triple A

 Esta declaración fue entregada en mano al nuevo Secretario de DDHH de la Nacion, Martin Fresneda, el 31 de julio del 2012, en la sede del Espacio para la Memoria, en el ex Centro de Torturas de la ESMA, durante el homenaje que se lleva a cabo todos los años al asesinado diputado nacional, Rodolfo Ortega Peña. Copias de la misma tambien fueron entregadas a los 150 personas presentes, muchos de ellos funcionarios del gobierno, abogados, juristas, compañeros, familiares y amigos de Ortega Peña. La actividad estuvo precedida por la proyección del documental “Parapolicial Negro” del director V.J. Diment. A la pelicula le siguió un panel de oradores. Hasta el dia de la fecha, esta declaración no ha tenido respuesta oficial.

“En 1974, algunos dirigentes se dedicaban a cazar zurdos. El archivo fotografico es implacable. Es implacable.” Cristina Fernandez de Kirchner

• Hay que terminar con la impunidad de los asesinos de Ortega Peña y otros 1.500 intelectuales, activistas sindicales, dirigentes políticos. La responsabilidad del juez Oyarbide y el Gobierno
 
Rodolfo Ortega Peña defendía presos políticos de la dictadura militar de Lanusse y de los gobiernos Peronistas que le sucedieron en 1973. Era un revolucionario que denunciaba el pacto social y el programa neodesarrollista que implementaba el gobierno en cuyas listas electorales había sido elegido diputado. No dudo en formar un bloque unipersonal. Era un hombre, un militante, que no dudo en romper con las exigencias de la verticalidad para hablar con la verdad sobre los responsables de las bandas fascistas de la Triple A.

El 30 de mayo de 1974, Ortega Peña hablo en el sepelio de los obreros socialistas fusilados en Pacheco por la Triple A y responsabilizo a la burocracia sindical y al gobierno por la actuación de esta. Ortega Peña sostenía que la izquierda, los activistas sindicales y los revolucionarios debían unirse para defenderse y vencer a las bandas fascistas. Eso le costaría la vida, pero era un hombre apegado a la verdad.

La Triple A lo asesino el 30 de Julio de 1974. Sus asesinos permanecen impunes hasta la fecha, como lo son los responsables de mas de 1.500 asesinatos y desapariciones del terrorismo de estado de los gobiernos Peronistas entre 1973-76, el que precedió al mas extenso y profundo terrorismo de la dictadura militar (1976-1982).

A pesar de contar con un expediente con mas de 60 cuerpos con múltiple evidencia contra centenares de asesinos, la Causa Triple A, en manos del juez Dr. Norberto Oyarbide esta detenida y siendo descuartizada judicialmente para evitar la investigación y castigo de todos los responsables, muchos de los cuales luego pasaron a revestir en los Grupos de Tareas de la dictadura militar.

¿A quien se defiende? ¿Que se defiende?

El juez Dr. Norberto Oyarbide escribió pedidos de extradición defectuosos que impidieron hasta ahora traer al país a Isabel Peron. Mantuvo inactivo los expedientes y cuando fue censurado en dos oportunidades por la Camara procedió primero a producir un centenar de “incidentes” repetitivos e innecesarios (como pedir de nuevo a los querellantes que ratificaran sus denuncias) para ganar tiempo y finalmente procuro la detención de siete sospechosos sexagenarios, entre ellos el ex “periodista” Jorge Conti y Julio Yessi, el ultimo yerno de Lopez Rega y cabeza de la JPRA, una de las ramas de la Triple A.

Sin embargo hay fundadas sospechas de que no intenta juzgarlos sino mantenerlos en el limbo judicial, tal vez excarcelaros a sus domicilios, como ya lo hizo con Almiron, Rovira y Morales quienes nunca fueron juzgados y murieron de viejos. Mucho menos esperan los cientos de querellantes en la causa que se juzgue a los centenares de responsables directos e indirectos de esos crímenes de lesa humanidad.

Oyarbide ha desmembrado a la Triple A pervirtiendo no solo la justicia sino tambien la historia. Si bien reconoce por escrito que la Concentracion Nacional Universitaria (CNU) o la Juventud Sindical Peronista (JSP) o la Juventud Peronista de la Republica Argentina (JPRA), y otras organizaciones de derecha semejantes, cometieron actos de terrorismo y crímenes de lesa humanidad las ha declarado arbitrariamente como “no tributarias” de la Triple A cuando es publico y notorio, y existe abundante evidencia en contrario, derivando las acusaciones sobre estas organizaciones a otras jurisdicciones deteniendo la justicia y dificultando las causas de los querellantes en grado extremo. Con este método, Oyarbide ha desechado testigos y querellantes arbitrariamente. Busca con esto que cunda el desanimo y los acusadores desistan de sus esfuerzos.

La Triple A era una confederación de grupos de derecha, politicos, sindicales, militares y policíales que incluía a la Concentracion Nacional Universitaria (CNU); la Juventud Sindical Peronista (JSP), la JPRA, el CdeO, COR y otros grupos, junto a matones sindicales y miembros de las policías y las FFAA que, como en el caso de Cordoba actuaban bajo el nombre de Comando Libertadores de America u otros similares.

Esta confederación de derecha usaba el titulo genérico de Triple A y era protegida, armada y dirigida desde el estado, desde varios ministerios, secretarias y otras instituciones del estado, así como por sindicatos, la propia CGT, gobernaciones e intendencias del país.

El grupo de asesinos comandados por los Comisarios Morales, Almiron y Rovira alrededor del entonces Ministro Lopez Rega era solo una unidad de esta confederación terrorista de estado que se ocupaba de los blancos “VIP” (Ortega Peña ; Silvio Frondizi,; el Padre Mujica; Troxler y otros). La Triple A también inauguró, antes de la dictadura militar, campos de concentración como Automotores Orletti y llevaba a cabo los primeros pasos del llamado “Plan Condor.”

Desde la Masacre de Ezeiza a la Masacre de Pasco; desde la Masacre por la muerte de Ernesto Piantoni en Mar del Plata a la Masacre de socialistas en La Plata y de esta a la Masacre durante el llamado “Navarrazo” en Cordoba o en Villa Constitucion contra los trabajadores metalúrgicos, la Triple A es la expresión del terrorismo de estado sobre la que se monto la posterior operación de genocidio de la dictadura.

Oyarbide intenta culpar solo a Lopez Rega y un circulo a su alrededor del ex Ministro de unas 20 personas por todos los crímenes de la Triple A. Como la mayoría de esta veintena de personas han muerto, o se espera su fallecimiento en cualquier momento como los que han sido arrestados hace poco, la impunidad reinara al final del proceso judicial que marcha a paso de tortuga.

Una somera revision de los hechos y pruebas acumuladas bastaria para observar que varios Presidentes del pais (Menem y Duhalde entre ellos), candidatos presidenciales, gobernadores, intendentes, ex Ministros, altos dirigentes sindicales y oficiales policiales y militares de alta jerarquia mantuvieron estrechas relaciones, participaron, colaboraron y/o protegieron a los asesinos de la Triple A y se beneficiaron de sus crimenes para avanzar sus carreras y asentamiento en el poder.

Oyarbide se ha negado a indagar a Hugo Moyano y muchos otros potenciales responsables con la excusa de que militaban en organizaciones que, aunque ejecutantes de actos terroristas de lesa humanidad, no era tributarias de la Triple A. Oyarbide de hecho ha actuado en relacion al dirigente sindical mas como defensor del mismo que como juez. Cualquier juez honesto, con la evidencia a la vista, hubiese investigado el caso de Moyano y el de muchos otros dirigentes sindicales comprometidos.

Le ha permitido Oyarbide a estos sospechados de crimenes de lesa humanidad plantar testigos falsos que, cometiendo perjurio, han embarrado la cancha judicial – incluso a contramano de la evidencia incontrastable en su poder Oyarbide ha apoyado esos testimonios apócrifos - y también ha pasado por alto Oyarbide – como es común intentarlo por las defensas en los juicios contra los militares del “Proceso”- que los acusados traten de bastardear evidencia y desprestigiar testigos de cargo. Todo esto lo ha hecho el juez de la causa rescribiendo una y otra vez la teoría ya rechazada judicialmente de los “Dos demonios”.

El juez Oyarbide se ha negado a proteger testigos y no ha cumplido casi ninguna de la líneas investigativas propuestas por la fiscalía en la Causa.

Muchos miembros de la Triple A tienen hoy puestos prominentes en la política y el sindicalismo y esto es lo que se protege el juez de la causa – que incluso se ha mostrado públicamente en funciones sociales con algunos de ellos y por estas razones debe ser desplazado de la causa y esta entregada a un juez probo, dispuesto a llegar hasta el final en la investigación y el castigo de los responsables.

De lo contrario se implementara en nuestro país una de las mayores denegaciones de justicia de nuestro país contra víctimas del terrorismo de estado.

Las responsabilidades del gobierno

El actual gobierno nacional ha hecho de los DDHH, según sus propias declaraciones, “una política de estado.” Esto ha permitido la sanción de leyes anulando los perdones, amnistías, punto final y obediencia debida y abierto el cauce del juzgamiento de algunos militares genocidas y a un numero limitado de civiles. En nombre del estado se ha pedido perdón a la sociedad Argentina por esos crímenes de lesa humanidad de las FFAA y sus cómplices.

En un discurso reciente, la Presidenta ha dicho: “En 1974, algunos dirigentes se dedicaban a cazar zurdos. El archivo fotografico es implacable. Es implacable.” Sabemos que se refiere a la responsabilidad de aquellos que formaron parte y colaboraron con la Triple A y sabemos del archivo fotografico porque nosotros lo hemos construido con nuestras investigaciones.

Una política integral de DDHH demanda un tratamiento de todos los crímenes de lesa humanidad, no solo aquellos que son convenientes políticamente. Los crímenes de la Triple A deben ser investigados y sus culpables castigados:

El gobierno debe pedir en nombre del estado, perdón por los crímenes de lesa humanidad del periodo 1973-76;

Debe asegurar que la causa Triple A se movilice y los responsables de los crímenes sean investigados aportando para ello las pruebas existentes en los archivos en poder del estado y Impulsar el reemplazo del Dr. Oyarbide la causa y reemplazarlo por un juez y fiscales dispuestos a terminar con la denegación de justicia y protección de los culpables que imperan hoy.

El gobierno tiene los mecanismos legales para hacerlo incluyendo la Procuraduria General, la Secretaria de DDHH de la Nacion y el Consejo de la Magistratura, así como también le asiste el derecho de integrarse a las causas como parte y en el caso especifico de la Triple A impulsar su investigación. El gobierno también posee los archivos de inteligencia de la DIPBA, Prefectura, la Armada, el Ejercito y la Aeronautica y otros en donde figuran muchos de los mencionados como autores materiales y lideres políticos responsables de los crímenes de lesa humanidad de la Triple A.

A los querellantes y testigos comprometidos con la verdad les faltan los medios materiales para enfrentar esta tarea cíclopea y es responsabilidad del estado garantizar que las pruebas e investigaciones que han realizado estos, y que están a disposición de la justicia para cuando esta se decida a actuar – tengan su apropiado curso en los estrados de la justicia.

Actuar con firmeza le significaría a Ortega Peña y a los centenares de víctimas de la Triple A el homenaje mas honesto y pertinente, el de que se haga justicia en sus casos. Nosotros expresamos nuestra disposición a hacer nuestra parte, la estamos haciendo, para que se impute por sus crímenes a los responsables.

jueves, 7 de junio de 2012

Detienen a siete ex miembros de la Triple A

Es por crímenes ocurridos entre 1973 y 1976.
Un secretario y un yerno de López Rega, apresados.

Siete exmiembros de la extrema derecha del peronismo y excolaboradores del fallecido ministro de Bienestar Social José López Rega fueron detenidos acusados de crímenes contra la humanidad perpetrados por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) entre 1973 y 1976.

Fuentes judiciales revelaron que los detenidos son el periodista Jorge Conti, yerno de López Rega, que fue su secretario de prensa y además presentador del noticiero del entonces Canal 11, y Carlos Alejandro Villone, exsecretario privado de López Rega.

También arrestaron a Julio Yessi, exjefe de la Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA); Raúl Ricardo Arias, Carlos Jorge Duarte y Rubén Pascuzzi, policía federal retirado.

La detención también alcanzó al excabo bonaerense Norberto Cozzani, que cumple prisión preventiva en la "causa Camps".

El juez federal Norberto Oyarbide, con intervención de la secretaria Patricia Palmisano, los indagó como presuntos organizadores de la "asociación ilícita" que formaba la Triple A, que guardaba su arsenal de ametralladoras y fusiles en los sótanos del ministerio. El único que se negó a declarar fue Yessi, muy conocido en el partido bonaerense de Lanús, mientras la defensa de Conti pidió su excarcelación y la de Villone solicitó la detención domiciliaria. Por ahora todos están detenidos en el penal bonaerense de Marcos Paz.

En esta causa el juez pidió a España la extradición de la expresidenta María Estela Martínez de Perón, residente desde 1981 en Madrid y muy vinculada a la familia del fallecido dictador ibérico Francisco Franco, pero la Justicia española denegó esa solicitud. Los demás acusados fallecieron: López Rega, los policías federales Juan Ramón Morales y Rodolfo Almirón -sindicado como el autor material del asesinato del sacerdote Carlos Mugica en 1974-, Miguel Ángel Rovira y el periodista Felipe Romeo, exdirector de la revista "El Caudillo".

Entre los hechos que se investigan en esta causa figuran los homicidios del exdiputado Rodolfo Ortega Peña, del exsubjefe de la Policía Bonaerense Julio Troxler y del hijo de tan sólo seis meses de edad de Raúl Laguzzi, exdecano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La Triple A se presentó en 1973 mediante un atentado con bomba al entonces senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, que sufrió heridas en las piernas y salvó su vida de milagro, y a partir de allí ejecutó unos 700 atentados contra la oposición política y la guerrilla, además de amenazas a intelectuales y artistas. Muchos debieron exiliarse.

Esta causa judicial se inició hace 37 años a partir de una denuncia del abogado Miguel Radrizzani Goñi y en 1989 se cerró luego del fallecimiento de López Rega. El 2 de febrero de 2007 fue reabierta por Oyarbide a partir de anoticiarse de la presencia de Almirón en España, que fue extraditado.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Lluvia de balas para un intendente que molestaba

El 14 de julio de 1975, la CNU asesinó al jefe comunal de La Plata, Rubén Cartier, por orden del gobernador Calabró.

Asesinado. El intendente Rubén Cartier, poco antes de ser asesinado por la CNU.

Poco a poco, la calefacción del Dodge Polara le ha devuelto el calor al cuerpo todavía vivo del intendente de La Plata, Rubén Cartier. El reloj que lleva en la muñeca izquierda marca las 20.45 y el frío de la noche del 14 de julio de 1975 es feroz. Los informes meteorológicos aseguran que forma parte de una ola que se prolongará por varios días. Cartier y sus acompañantes –su secretario privado, Alfredo Otero, y el director de Tránsito de la Comuna, Manuel Balverde– no hablan del frío, sino de un tema cada día más caliente: el enfrentamiento entre la ortodoxia política del Justicialismo, a la cual pertenece el intendente, con el gobierno bonaerense del sindicalista de ultraderecha Victorio Calabró, cuyos contactos con sectores golpistas ya son un secreto a voces. De eso tratará la reunión a la que Cartier tiene previsto concurrir en el Hotel República de la Capital Federal, donde lo espera el gobernador de una provincia del norte argentino, también enfrentado al sindicalismo y alineado con Isabel Perón.
El chofer Edgardo Villalba conduce con pericia, aunque un poco ausente. Es casi un reflejo que tiene para no distraerse con las conversaciones que el intendente suele mantener en el auto con sus ocasionales acompañantes. Ninguno de ellos sabe que esa tarde Alberto Bujía (a) el Negro, mano derecha de Calabró, ha salido con una orden precisa de la residencia donde el gobernador bonaerense se repone de una gripe. Tampoco que, por imperio de esa orden, un grupo de tareas integrado por culatas sindicales y miembros de la patota de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) que lidera Carlos Ernesto Castillo (a) el Indio ha abordado dos vehículos, una camioneta Chevrolet último modelo y un Ford Falcon 1974, para salir hacia Buenos Aires detrás del auto del intendente. La orden que han recibido es clara: tienen que hacerlo en el camino, lejos de La Plata.
Poco antes de las 21, el Dodge Polara ingresa a la avenida Mitre, última parte del trayecto a Buenos Aires. Entonces, los otros dos vehículos, que lo han seguido a más de cien metros mientras se desplazaban por el Camino Centenario, acortan la distancia. La camioneta –amarilla, con llamativas rayas rojas– encabeza la marcha, el Ford Falcon va atrás, como apoyo. Los asesinos no actúan todavía. Están esperando a que el auto del intendente entre en la jurisdicción de la comisaría de Sarandí, a la cual se le ha dado la orden de liberar la zona. No es una orden extraña para los policías, que se han acostumbrado a recoger los cadáveres acribillados que les deja la banda del Indio Castillo.
Faltan pocas cuadras para que el Dodge llegue al puente Sarandí cuando el conductor de la camioneta aprieta el acelerador y se pone a la par del auto del intendente. Nadie, dentro del Polara, presta atención a la maniobra. Villalba cree que la camioneta simplemente quiere adelantarse. Por eso, la lluvia de plomo que escupe la camioneta los sorprende. Son balas de ametralladora y de Itaka. Decenas de balas, que la CNU no acostumbra a economizar cuando se trata de matar. La mayoría se concentra en el asiento trasero del Dodge, donde están sentados Cartier y Balverde. El intendente muere instantáneamente; el director de Tránsito queda herido de gravedad y agonizará durante horas, antes de morir en el Hospital de Avellaneda. En el asiento delantero, Otero recibe heridas leves; el chofer Villalba demorará minutos en convencerse de que está milagrosamente ileso. El Dodge, perforado por las balas, queda detenido a un costado de la avenida Mitre. La camioneta y el Ford Falcon se pierden en dirección a Buenos Aires, con la misión cumplida.

Lavado de manos. Desde un primer momento, el gobierno de Victorio Calabró intentó endosarle el atentado a la izquierda peronista. La versión resultaba difícil de creer, ya que el intendente platense, aunque enrolado en la ortodoxia peronista e incondicional del gobierno nacional, no era un objetivo lógico para Montoneros. El gobernador, a través del secretario general de la gobernación, Juan De Stéfano, repudió el atentado. La CNU platense intentó despegarse del asesinato con un comunicado donde expresaba su “más enérgico repudio por este nuevo hecho de sangre que enluta al país y que, como muchos anteriores, forma parte de la estrategia del enemigo sinárquico, cuyos objetivos son la destrucción del Movimiento Nacional Justicialista y de la Nación Argentina”.
Como la versión del atentado por izquierda no cuajó, el gobierno bonaerense hizo llegar a periodistas de confianza otro rumor: que se trataba de un ajuste de cuentas por cuestiones de dinero y que, al ser asesinado, Cartier se dirigía a Buenos Aires llevando consigo una fuerte suma en pesos argentinos, dólares y pesos mexicanos con la intención de irse del país.
Esta versión también era completamente falsa. Cuando fue asesinado, Cartier iba a Buenos Aires para reunirse con el gobernador de La Rioja, Carlos Menem, quien se encontraba en la Capital Federal para participar de una reunión de gobernadores para elaborar un documento con dos ejes centrales: el apoyo a la gestión de Isabel Perón y un pedido de reorganización interna del Justicialismo. El documento –de más de mil palabras– fue dado a conocer el 15 de julio, con la firma de todos los gobernadores provinciales a excepción de uno: el bonaerense Victorio Calabró, quien según informaron los diarios del día siguiente, no había podido ser ubicado por sus colegas ni siquiera telefónicamente.
Muchos años después, en 2008, Carlos Menem confirmaría en una entrevista realizada por Pacho O’Donnell y publicada por la revista Gente, que Cartier iba a Buenos Aires para reunirse con él. “Eran tiempos de la ominosa Triple A. No tardaron en hacerme saber que me iban a matar. No le di mayor importancia –relató, canchereando, para luego seguir-. Había combinado una entrevista con el intendente de La Plata, Rubén Cartier, y lo esperé en mi habitación del Hotel República. Pero quienes llegaron fueron el gordo Gostanián y otros amigos, muy alterados, con la noticia de que a Cartier lo habían asesinado mientras se dirigía a nuestro encuentro. Entonces me trajeron a esta quinta (la de Gostanían, donde se realizó la entrevista con Pacho O’Donnell), tirado en el piso del auto, custodiado por algunos de la Federal que me eran leales y después, en cuanto se pudo, viajé a La Rioja, donde estaba más seguro.”

La ofensiva de Calabró. “El asesinato de Cartier fue consecuencia de la lucha política de la vieja ortodoxia justicialista con el sector gremial que había irrumpido en la dirección del Movimiento y que representaba a lo más rancio del viejo vandorismo. Calabró, además, ya estaba teniendo contactos con los militares golpistas. Cartier, que estaba alineado con Isabel, lo enfrentaba y lo resistía desde la intendencia de la capital provincial. Calabró utilizaba a la CNU para sacarse de encima a quienes lo enfrentaban; el atentado contra Cartier hay que leerlo en ese contexto”, dijo a Miradas al Sur un dirigente peronista que era concejal platense en 1975.
Muerto Rubén Cartier, la intendencia de La Plata quedó a cargo del presidente del Concejo Deliberante, Juan Pedro Brun, un dirigente del gremio platense del Turf. Desde que había asumido como gobernador –tras el desplazamiento de Oscar Bidegain-, Calabró había desplegado fuerzas en el Hipódromo de La Plata, que utilizaba para hacer caja. Como parte de esa ofensiva, había nombrado allí a varios notorios integrantes de la CNU. Como ya ha publicado Miradas al Sur, la CNU platense asesinó a varios delegados de los empleados del Hipódromo platense.
La primera directiva que el flamante intendente Brun recibió de Calabró fue casi una amenaza. De acuerdo con el reglamento, la presidencia del Concejo Deliberante debía quedar a cargo de su vicepresidente 1°, Babi Práxedes Molina, un dirigente que pertenecía a la izquierda peronista. “Si asume Molina, intervengo la intendencia”, le dijo Calabró a Brun. Para evitar la intervención, Molina renunció a la vicepresidencia del cuerpo y en su lugar asumió la concejal Centenari Heredia, afín al gobernador.

Por Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal